“Declaración de Almería”. Primer Simposio 1994.
11 de febrero de 1994
Siguiendo la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992 y basándonos en las recomendaciones contenidas en la Agenda 21, concretamente en su Capítulo 12 sobre Gestión de Ecosistemas Vulnerables: Lucha contra la Desertificación y Sequía, la Asamblea General de Naciones Unidas decidió establecer un Comité Intergubernamental de Negociación para la elaboración de un Convenio de Lucha contra la Desertificación en aquellos países afectados por grave sequía y/o desertificación, particularmente en África (Res. 47/188, 22 Dic.92)
La desertificación es un fenómeno global, que afecta a todos los continentes, origen de movimientos transfronterizos y transcontinentales, que fuerza a la población habitante de las áreas vulnerables, marginada por la pobreza y la degradación ecológica, a buscar mejores condiciones de vida en las ciudades, en otras regiones y otros países, donde es muy posible que se produzcan, posteriormente, tensiones sobre los en tornos sociales y naturales.
Los problemas que sufre la población que habita las regiones áridas afectadas deben ser asumidos por la comunidad internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas convocó una Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (Res. 47/176, 22 Dic. 92). El Comité Preparatorio de dicha Conferencia ha establecido “La distribución de la Población y Migraciones” entre sus temas prioritarios.
La migración es, por supuesto, un fenómeno natural en la historia humana. El interés de este Simposio se basa en que las consecuencias de la emigración forzosa resultante de la degradación de las zonas áridas muestra a menudo dimensiones indeseables, tanto en los puntos de origen como en los lugares de reubicación.
El número de emigrantes en el mundo, que ya alcanza niveles muy altos, continúa incrementándose alrededor de unos 3 millones cada año. Aproximadamente la mitad se originan en África. Estos incrementos son principalmente de origen rural y están relacionados con la degradación del suelo. Se estima que unos 135 millones de personas pueden correr el riesgo de tener que desplazarse como consecuencia de la desertificación grave.
De ahí que en las citadas áreas, una aproximación que tenga en cuenta todos los posibles enfoques al desarrollo, dentro del contexto de una estrategia de reducción de la pobreza, debería combinar el incremento del poder de decisión de la población local y la protección del medioambiente, con políticas de migración más efectivas.
Dimensiones sociopolíticas
Se prevé que la población humana se duplique en los próximos 50 años y que el rendimiento económico global se incremente incluso más rápidamente. En este contexto, la tendencia emergente de la sobreexplotación de los recursos renovables puede acelerarse a una velocidad sin precedentes en la historia humana. La evidencia de una correlación entre la pobreza, la desertificación y las distintas formas de conflictos es manifiesta en las regiones áridas y semiáridas. El factor común es el proceso de exclusión de grupos vulnerables, que son presa del sufrimiento y la opresión, y que, al mismo tiempo, dependen de frágiles ecosistemas en tensión.
De los aproximadamente 50 conflictos armados que se están produciendo actualmente, unos 20 tienen una dimensión medioambiental o están inducidos parcialmente por ésta. La mitad de estos están asociados con las regiones áridas. Gran parte de ellos son a menudo ignorados por los gobiernos centrales y por el mundo en general.
La turbulencia social y política, que provoca/provocada por la explotación y la degradación de los recursos naturales, es probable que se convierta en un factor de inestabilidad geopolítica.
La emigración a las ciudades o a sus zonas marginales acelera el empobrecimiento del suelo, de los recursos y de la población. Eso puede conducir a agitaciones continuas o nuevas emigraciones, estimulando los conflictos étnicos o desorden social en otros lugares.
Los problemas medioambientales originados a nivel local o regional y los conflictos que dichos problemas originan ejercen una presión progresiva sobre la estabilidad política a niveles regionales.
Prioridades políticas
Puesto que, el desplazamiento masivo de personas, como refugiados u otras formas, en regiones áridas o semiáridas supone una grave amenaza a los escasos recursos naturales de dichas áreas, las estrategias efectivas de ayuda integral deberían relacionar los programas de ayuda con los programas de desarrollo local.
La gestión y el desarrollo de una utilización sostenible del suelo en las zonas áridas, proclives a la desertificación, debería centrarse en estrategias de conservación del suelo y agua, que sean ecológicamente seguras y con prácticas agrícolas que sean económicamente viables, teniendo en cuenta el conocimiento tradicional y la participación de la población local.
La prevención de la emigración no deseada, inducida por la desertificación debería descansar sobre la promoción de una agricultura sostenible y con una gestión diversificada en las regiones áridas a través de la provisión de financiación, tecnología, capacidad formativa e incentivos económicos.
La planificación regional debería armonizar la producción agrícola con el desarrollo de ciudades de tamaño pequeño y medio en zonas rurales. Además, debería prestarse atención urgente a una mejor comprensión de la relación dinámica entre población, migración y desertificación.
Deberían perseguirse medidas legislativas e institucionales que revisaran la propiedad del suelo, los sistemas de conservación, las prácticas de gestión de cosechas, el uso del suelo y el agua y, más aún, debería darse poder a las comunidades rurales locales para permitirles participar en los cambios recomendados de gestión del suelo.
Es necesario revisar el estado legal y el régimen regulador que rige el creciente número de refugiados medioambientales y de personas desplazadas, e identificar posibilidades para su protección y apoyo, ayudando a los que retornan y auxiliando a los demás para su integración en comunidades de acogida.
Prioridades para la acción
La relación entre la degradación medioambiental y la migración es importante y compleja, aunque poco comprendida. Deberían llevarse a cabo más investigaciones y estudios sobre la desertificación, tanto como causa, como consecuencia de desplazamientos y migraciones transfronterizas, a través de programas que faciliten el intercambio de datos técnicos y científicos y la constante supervisión del proceso.
Tales programas deberían estimular estudios comparativos entre regiones afectadas poseedoras de diferentes limitaciones culturales y económicas, establecer una perspectiva histórica y promocionar educación medioambiental e iniciativas prácticas en las áreas afectadas, con vistas a lograr modelos de desarrollo viables.
La investigación sobre movimientos de población, inducidos por la desertificación, debería tratar de aislar los diferentes factores básicos que motivan la migración, así como cuantificar y analizar el volumen, origen geográfico, frecuencia de desplazamiento, características de la población y modos de utilización de los recursos naturales en las zonas áridas.
Los estudios de los ecosistemas de las zonas áridas deberían investigar la correlación entre desertificación, pobreza y migraciones, e integrarse dentro de un sistema de prevención de potenciales crisis humanas.
Los análisis prospectivos de los potenciales conflictos, en marcha o futuros, deberían incluir una cuidadosa valoración de las diferencias entre desplazamientos temporales y migraciones permanentes, y, entre migraciones interiores y migraciones transfronterizas y transcontinentales.
La investigación debería plasmarse en políticas orientadas de formación y en programa de divulgación que tratarán de adaptar sus enfoques a las tecnologías y biotecnologías, teniendo en cuenta las limitaciones ecológicas y climatológicas a largo plazo, y a otros temas prioritarios.
Conclusión
Fieles al concepto de un medioambiente global, y conocedores de las cruciales interacciones entre los factores socioeconómicos y las principales problemas medioambientales, los participantes del Simposio Internacional de Almería estamos convencidos de que el reto de la desertificación debe ser tratado de una forma universal, teniendo en cuenta el complejo aspecto de las migraciones relacionadas con el entrono medioambiental.
Este Simposio cree que en el tema de la desertificación y las migraciones es fundamental el hecho de que mucha gente desee tener la libertad de permanecer en su hogar, en su tierra ye n su propia cultura. Es particularmente importante asegurar la estabilidad de la familia. El Simposio cree que el corolario del derecho a la libertad de movimiento es el derecho a permanecer.
El Simposio recomienda que el Proceso de Negociación del Convenio de Lucha contra la Desertificación preste una mayor atención al fenómeno de las migraciones inducidas por la desertificación, tanto a niveles locales, como regionales, así como mundial.
Finalmente, los participantes del Simposio de Almería han comprobado con placer que, España, un país asimismo afectado por la desertificación y poseedor de vínculos geográficos y culturales con muchas naciones del mundo también perjudicadas, se ofrece a contribuir de una forma concreta a una mayor y más efectiva lucha contra la desertificación dentro del marco del Convenio.